
Este platillo es muy especial, porque todo lo que vamos a utilizar para la preparación es cosechado en la milpa y en el solar de mi familia.
Cuando mis papás y abuelos ya van terminando la cosecha de la milpa, se cosecha la calabaza. Se le saca la semilla, se lava y se deja secar bien y luego se almacena para cuando vaya a servir para comerla.
Para la comida lo primero que hacemos es tostar la pepita y ya bien tostada se muele en el molino de mano. De allá, nos vamos al patio de mi solar a bajar las hojas de chaya, de preferencia las hojas tiernas porque dice mi abuela que son las más dulces.
Luego ya bajadas las hojas se lavan y se ponen a cocer con agua y sal. Ya bien cocidas se baja el fuego y seguido se pone a tortear unas deliciosas tortillas gruesas a las que nosotros llamamos penchuc. Las tortillas son de los elotes que se cosecharon en la milpa, así que tienen un sabor y un olor inigualables, que no se olvida.
A la hora de comer, ponemos en una taza el caldo de la chaya, se le pone la pepita, se acompaña con limón y chile habanero con los penchuques. Esta es una comida muy rica y muy nutritiva que me encanta comer en familia alrededor de la banqueta de mi mamá y de mi abuela. Mientras comemos mi mamá nos hace las tortillas calientitas. Es un manjar que los invito a comer aquí en Pachpakal.
Fátima Castillo / Maní, Yucatán