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Comida Contada
Tazas de café y restos de pan sobre un mantel después de comer

La sobremesa

El tiempo después del último bocado, cuando la comida deja de ser comida

Genoveva De La Peña12 de enero, 20261 min de lectura

La sobremesa es lo único de la comida que no se come. Empieza cuando los platos ya están vacíos y nadie tiene prisa por levantarse, en ese tiempo suspendido donde la conversación se vuelve el verdadero alimento. Es una institución no escrita, defendida con tenacidad por culturas que se niegan a tratar la comida como un trámite. En la sobremesa se cuentan los chismes, se resuelven los conflictos, se reescribe la historia familiar a fuerza de café y de memoria.

Flor de cacao junto a una taza de chocolate de sobremesa
El chocolate que prolonga la mesa  ·  Sobremesa familiar, Tabasco
Cuchara con miel sobre un plato de postre
Lo dulce avisa que no hay prisa
Mujer sirviendo café mientras la familia conversa en la mesa
El café reabre la conversación

En la sobremesa el tiempo cambia de naturaleza: deja de medirse en minutos y empieza a medirse en historias. Lo que se sirve —un café, un dulce, un mezcal— no busca saciar, sino dar pretexto para quedarse. Por eso quien se levanta antes parece romper algo; la sobremesa exige presencia, no porque falte hacer, sino porque estar juntos sin propósito es, en sí mismo, el propósito.

Culturas que viven de prisa han ido perdiendo este rito, y con él una manera de cuidarse mutuamente. La sobremesa enseña que comer no termina al masticar: termina, si acaso, cuando alguien decide que ya es hora, y ese alguien casi siempre tarda más de lo necesario, por puro amor a la compañía.

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