
Del mar a nuestras familias
La historia de Suaiba
Néstor Gómez Rangel18 de octubre, 20264 min de lectura
Mi nombre es Néstor Gómez Rangel, soy pescador de oficio desde mi juventud y tengo la dicha de vivir en el puerto de Celestún, Yucatán, un lugar donde el mar no solamente forma parte del paisaje, sino también de nuestra vida, de nuestras familias y de nuestra manera de salir adelante.
Desde muy joven aprendí que ser pescador es mucho más que salir al mar. Es madrugar, preparar las herramientas, mirar el cielo y el comportamiento del agua, pero, sobre todo, es aprender a respetar aquello que nos da sustento. El mar me ha enseñado que vivir de él, es una de las cosas más maravillosas que pueden existir, pero también me ha enseñado que debemos cuidarlo.
Con los años comprendí que preservar las especies y cuidar nuestros recursos marinos es una responsabilidad de todos. Si queremos que nuestros hijos y las próximas generaciones puedan seguir encontrando en el mar una fuente de vida, tenemos que aprender a aprovecharlo con responsabilidad y respeto.
Un sueño que nació pensando en la familia
Cuando inicié Suaiba, hubo una motivación que estuvo por encima de cualquier otra: mi familia. Como pescador, conozco de cerca los esfuerzos y sacrificios que implica vivir del mar, pero también conozco las necesidades de quienes dependen de esta actividad.
Por eso, Suaiba nació con el deseo de hacer algo que fuera más allá de comercializar productos. Quería que fuera una manera de apoyar al pescador, generar oportunidades y llevar productos del mar a los negocios de nuestra comunidad.
Hoy, Suaiba produce jaiba suave y sus derivados, además de productos de escama como mero, rubia, canané y diferentes filetes. También trabajamos con sal natural en diferentes presentaciones. Cada uno de estos productos representa mucho más que un alimento. Detrás hay personas, familias, esfuerzo y muchas horas de trabajo.
Los retos que también forman parte del camino
Ser pescador me ha enseñado que no todos los días son iguales. Uno de los sentimientos más difíciles es salir de casa y dejar a la familia atrás para internarse en el mar, sin tener la certeza de cuándo volverás.
Uno se despide pensando en regresar, pero en el mar nunca se tiene todo bajo control. También existe la incertidumbre de no saber si regresarás con una buena pesca. A veces el esfuerzo es enorme y la recompensa no llega como uno esperaba.
A todo esto se suma la competencia del mercado y los retos propios de sacar adelante un proyecto. Sin embargo, cada dificultad también me ha enseñado a seguir adelante, a buscar nuevas oportunidades y a recordar por qué comenzamos.
Más que una empresa, una forma de servir
Hoy veo a Suaiba y siento una profunda satisfacción. Saber que podemos suplir una necesidad de los negocios locales, brindar productos de calidad y, al mismo tiempo, generar empleos para otras personas, tiene un valor muy especial para mí.
Nos preocupamos por la frescura y la inocuidad de cada producto porque sabemos que detrás de cada compra hay una familia, un restaurante, un negocio y personas que confían en nuestro trabajo.
Cuando miro hacia atrás y recuerdo mis primeros años como pescador, puedo ver cuánto ha cambiado el camino. Pero hay algo que permanece: el amor y el respeto por el mar y por mi familia.
Para mí, Suaiba representa precisamente eso: la oportunidad de transformar el esfuerzo de quienes vivimos del mar en oportunidades para otros.
Y si algo me llena de orgullo, es saber que cada día podemos aportar un poco a nuestra comunidad: ayudar a una familia con un empleo, apoyar a un pescador, atender las necesidades de un negocio y ofrecer un producto hecho con dedicación.
Porque al final, detrás de cada producto que sale de Suaiba, hay una historia.
Y esa historia comienza donde todo empezó para mí: frente al mar de Celestún.
Néstor Gómez Rangel / Celestún, Yucatán
+52 999 435 6664


