
Xochitotoltic
Atole de flores amarillas
Karla Areli Rodríguez Salazar27 de julio, 20263 min de lectura
La gastronomía de la Mixteca poblana, al desarrollarse en una región semidesértica, se caracteriza por estar profundamente ligada a la recolección y a los ciclos de la naturaleza. Sus ingredientes cambian con cada estación del año, recordándonos que la cocina tradicional nace del respeto por la tierra y de la gratitud hacia lo que ella ofrece en cada temporada.
Nuestra cocina conserva vivas las técnicas ancestrales heredadas de generación en generación. Cada platillo representa una parte de nuestra historia familiar, fortalece los lazos de nuestra comunidad y mantiene viva nuestra identidad gastronómica. Por ello, cocinar es también un acto de memoria, respeto y amor.
El Xochitotoltic, conocido como atole de flores amarillas, es un platillo de origen prehispánico que considero uno de los más representativos de mi comunidad. Aunque es una receta sencilla y humilde, en ella se refleja la calidez, la generosidad y la empatía de nuestra gente.
Se prepara durante el otoño, cuando la milpa se encuentra cubierta de vida y las flores de calabaza anuncian la abundancia de la temporada. Su ingrediente principal es el maíz, fundamento de nuestra alimentación desde tiempos ancestrales, transformado en textli (masa). A él se unen las flores de calabaza, fruto de nuestro trabajo en la siembra, y la pepicha silvestre, recolectada al amanecer, cuyo aroma perfuma los campos al paso del campesino.
Mientras las flores hierven lentamente junto con la pepicha sobre el tlecuil (fogón), en el comal se tuesta el chile costeño que coronará el platillo con su sabor y su aroma. Al mismo tiempo, reunidos en familia, moldeamos las xoxoyotas, pequeñas bolas de masa que esperan el momento de integrarse al caldo.
Cada vez que el hervor comienza a romperse, mi memoria regresa a la infancia. Recuerdo a mi padre llegando del campo, después de cuidar sus chivos, con los zapatos cubiertos de lodo por el rocío del temporal que humedecía los caminos. Su silbido anunciaba que era hora de reunirnos alrededor de la mesa. En la cocina, mi madre, mi tía y mi abuela acomodaban sonrientes los cajetes mientras el aroma del fogón llenaba la casa. Nosotras, todavía niñas, esperábamos con impaciencia el momento de probar aquel platillo tan esperado, reservado para la época de la cosecha y que, como un regalo de la naturaleza, solo volveríamos a disfrutar hasta el año siguiente.
Para mí, el Xochitotoltic es mucho más que un alimento. Es la expresión de la milpa, del trabajo campesino, de la cocina de nuestras abuelas y de los recuerdos que dan identidad a mi pueblo. En cada bocado vive la historia de nuestra tierra, la fortaleza de nuestras raíces y el amor con el que la tradición continúa alimentando a las nuevas generaciones.
Karla Areli Rodríguez Salazar / Huatlatlauca, Acatlán de Osorio, Puebla


