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Imagen de 3 plantas medicinales y sus raíces

La vigencia de la hierba

El Códice De La Cruz - Badiano

Genoveva De La Peña27 de julio, 20266 min de lectura

En todas las culturas y en todos los tiempos, los seres vivos hemos buscado sanar. Encontrar el equilibrio que nos regresa al estado de salud, entendiendo la salud como ausencia de enfermedad.

Cada pueblo ha hecho el viaje de ida y de regreso buscando entender las vías que hay que recorrer para volver de la enfermedad a la salud. No hay atajos.

Los griegos consideraron que el carácter se determinaba según la combinación de los Cuatro Humores. Cada humor correspondía a un elemento cósmico: el calor al fuego, el frío al aire, lo húmedo al agua y lo seco a la tierra. La bilis negra correspondía a la tierra, la bilis amarilla al fuego, la flema al agua y la sangre al aire. En el Problema XXX, Aristóteles afirma que, quienes tenían un exceso de bilis negra, eran personajes excepcionales. Así, las enfermedades se producían por el predominio o defecto de alguna cualidad.

En los Vedas de la India, contenidos en las Upanishads, específicamente en el Rig Veda, se encuentran los orígenes de la medicina ayurvédica, cuyo precepto básico sugiere que el cuerpo y la mente se pueden mantener sanos y equilibrados mediante los alimentos, la desintoxicación, la actividad física y el autocuidado. De nuevo encontramos presentes cinco elementos: espacio (akasha), agua (jala), tierra (prithvi), fuego (teja) y aire (vayu). La combinación de estos 5 elementos resulta en 3 humores o doshas: pitta, vata y kapha.

 Para los chinos, uno de los conceptos fundamentales del bienestar es “La sinceridad en el pensamiento” Chéngyi / pensamiento sincero:  “Sólo es posible identificar y seguir el principio de “pensamiento sincero” sobre la base de la comprensión de los principios morales en la vida diaria. La conducta moral de un individuo debe ser el resultado de un deseo genuino y no sólo debe cumplir superficialmente los principios morales, sin verdadera intención de practicarlos cabalmente”. 

 En nuestro continente sucedía lo mismo: había desequilibrio y aparecía la enfermedad. Si había orden entre los opuestos complementarios, había salud. Los médicos originarios probaron los resultados de cada planta hasta el grado de intoxicación, conociendo sus efectos por medio de ensayo y error. Así, hicieron compendios de las plantas que servían para y conocieron los estados a los que cada planta les conducía. Mediante la praxis doméstica se llegó al tratamiento del infortunio y la desdicha de la mano de la lógica simbólica que para nuestros antepasados hacía sentido de acuerdo al concepto de persona. El cuerpo humano se consideraba un universo, la unidad que concentra los pulsos del organismo como un todo congruente. Las recetas y secretos de cómo utilizar las plantas, fueron resultado de infinitas pruebas en sus propios cuerpos.

 Los remedios y las propiedades de las plantas, siguen siendo vigentes para aliviar males y cuidar la salud. Esta forma de hacer medicina guardó conocimiento practicado por siglos en generaciones, y nació de una cosmovisión cuyos saberes vincularon la vida a lo sagrado.

 El proceso de selección de las 227 plantas medicinales que aparecen en el Códice Badiano por sus características únicas, son resultado de la larga historia de la medicina tradicional, que se sigue practicando en el territorio que hoy es México. También aparecen remedios para curar enfermedades que no existían en este continente, prueba ya de un proceso híbrido entre el conocimiento local y el europeo.

La medicina originaria considera aspectos vitales relacionados a la naturaleza, que hoy no observamos cuando nos enfermamos. Cambiaron los preceptos, las creencias, las normas, y sobre todo cambiaron las costumbres y los hábitos de hacer y significar las cosas. Los procedimientos cambiaron, las formas armónicas de los ritmos y secuencias, las maneras de mirar y sentir en el mundo. No cambiaron las dolencias, cambiaron las creencias, las conveniencias, los intereses. Cambió la forma de regresar al equilibrio y en su lugar aparecieron prácticas no integradas a la observación de la naturaleza. Cambiaron las texturas, los olores y colores por cápsulas sintéticas en cajas. Nueva medicina legitimada por un nuevo Estado.

 Se destruyeron los compendios de siglos de saberes y remedios contra casi cualquier enfermedad. Se prohibieron y desacreditaron tradiciones antiguas de sanación. Ejemplo de ello es cómo el pulque pasó a clasificarse como una bebida peligrosa de acuerdo a la industria cervecera, siendo que es una de las bebidas ancestrales más nutritivas, económicas y benéficas para el organismo y la salud intestinal.

 Se cuestionó el quehacer de parteras, curanderos, hierberos, brujos y graniceros, portadores todos ellos, de saberes legítimos. Se dejó de dialogar con las fuerzas del mundo y se empezó a negociar con otras fuerzas.

Se instauró el miedo. El miedo al dolor, al malestar, en lugar de tomar el síntoma como algo profundo, como un llamado al cuidado y a la limpieza del organismo. Cambió la noción de cuerpo y sus ecosistemas.

Celebramos la edición especial del Códice Badiano que hizo la UNAM, no sólo como un libro de factura impecable y preciosa, sino como el legado que pervive en el tiempo, en la memoria y en la cultura de los mexicanos. Volvemos la mirada hacia estos saberes, que guardan el trabajo de generaciones enteras de investigación para preservar la salud, la diversidad y la vida.

El cuerpo humano no ha cambiado significativamente desde antes de la Colonia hasta nuestros días. Lo que ha variado son las enfermedades y sus causas. Los problemas relacionados con la contaminación de la tierra, de los alimentos, del agua, con la forma de vida sedentaria y carente de tiempo para el goce y el cuidado. También aparecieron males del alma, dando lugar a nuevas patologías físicas y mentales y a las enfermedades culturales que hoy nos aquejan.

 De las hojas de muchas plantas se logran infusiones que nos nutren, que regulan nuestras funciones y regresan nuestros cuerpos al equilibrio, de sus flores maceradas obtenemos olores y sabores que nos dan placer y que nos limpian. Las plantas contienen la información que se transforma en medicina, en sustancia sanadora y regeneradora, en bálsamo y ungüento, en elixir o en simple bebida que produce alivio y sensación de frescura o calor y bienestar. Las plantas nos dan perfumes, mieles, medicina, nos alegran y nos nutren. Tienen su propia vida secreta. Hacen fotosíntesis. Se relacionan entre ellas y con los animales, los hongos y las personas. Usan mecanismos sorprendentes para atraer a los insectos y ser polinizadas para dar continuidad a una secuencia incansable de reproducción.

Siendo cada una indispensable en la cadena de la vida, es conveniente no ignorar sus propiedades, sino usarlas para cuidarnos.

Estas líneas las dedico en reconocimiento a quienes elaboraron este Códice, a sus prácticas rituales y costumbres. Con gratitud a quienes han cuidado nuestras semillas y su infinita diversidad.

Bibliografía

Aristóteles, El hombre de genio y la melancolía. Problema XXX I, Gredos. Barcelona, España.

Upanisads, Prólogo de Raimon Panikkar. Ediciones Siruela, 2001. Madrid, España

El Códice De La Cruz - Badiano